lunes, 19 de enero de 2015

LIBERTAD DE EXPRESIÓN EN ALMERÍA: UNA FOTO Y MIL PALABRAS

Concentración en favor de la Libertad de Expresión,
convocada por la Asociacion de Periodistas de Almería, a raíz del
atentado contra Charlie Hebdo en París.


Observen bien la foto. O mejor dicho, fíjense en las caras de quiénes aparecen en primera fila en esta instantánea para la historia local de Almería. (Pinchen sobre ella para verla más ampliada). La imagen está tomada en pleno centro, junto a Los Lápices de La Rambla y se obtuvo durante la concentración convocada la pasada semana por la Asociación de Periodistas de Almería, tras el criminal atentado yihadista en París contra la redacción de la revista satírica Charlie Hebdo.
Llevo una semana dándole vueltas a la imagen para comentarla y, cada vez que la observo más me ratifico en mi percepción de los altos niveles de corrupción - camuflada de muchas maneras- que afecta a nuestra sociedad actual.
El artículo publicado este lunes por el Director de Ideal de Almería, Angel Iturbide, titulado “No todos son Charlie”, me ha animado a meter palo en candela y comentarles la dichosa fotografía de la que, como periodista, me avergüenzo profundamente.
Miren las caras. Los caras de primera fila. Especialmente la de Amat,  cargo público con el pasquín situado en zona testicular, a la altura del arco del triunfo, por donde se pasa habitualmente el derecho de la Libertad de Expresión en su gestión pública.
Un presidente de la Diputación que, usando fondos de los impuestos de todos, es el primer liberticida de Almería a la hora de socavar el derecho de los ciudadanos a recibir una información veraz, incluso la crítica a la que una gestión pública debe de estar sometida.
Una breve auditoría de los millones de euros destinados anualmente por Gabriel Amat y su equipo del PP en Diputación o en el Ayuntamiento de Roquetas a la denominada publicidad institucional, nos demostraría de inmediato el sectarismo y la escasa vergüenza política a la hora de premiar o castigar a determinados medios de comunicación. Las armas de este y otros políticos de su calaña no matan a los periodistas como en París, pero asesinan lentamente a unas empresas periodísticas que, o entran por el aro, o se ven condenadas a no percibir lo que legalmente les correspondería en base a sus respectivas audiencias. 
Y en esa fórmula cortijera, no lo olvidemos, las primeras víctimas son los propios profesionales del periodismo que se ven obligados a “tragar” negro por blanco - incluso mentir sin firmar- si quieren mantener su puesto de trabajo. Y las segundas víctimas son la propia sociedad, los ciudadanos, a los que se les secuestra el derecho a recibir una información veraz y libre.
Pero sigamos con la foto. A su lado, ceja arqueada, el incombustible Javier Arenas, el político andaluz que, con mando en plaza, más cabezas de periodistas ha cortado en los últimos años. (Y sé de lo que hablo). El hombre que, dada su posición preeminente en la cúpula del PP desde los tiempos de Aznar, no ha dudado en maniobrar en las sombras ante las cúpulas mediáticas  madrileñas pidiendo despidos o ceses de profesionales del periodismo andaluz, mientras que en público se desgañitaba acusando a los socialistas de manipular la radio y la Tv en Andalucía. El mismo político que, creyéndose ya presidente de la Junta, despreció comparecer  ante las cámaras de Canal Sur TV en unos de los programas electorales de la campaña de 2012, no sin antes arremeter despreciativamente contra los profesionales del ente público. Su mirada en la foto parece perdida, ido, como preguntándose que coño hacía él allí, en una convocatoria de profesionales de la información y defendiendo la Libertad de Expresión, un derecho que tanto ha combatido Arenas en su  dilatada vida política. 
Inmediatamente a su izquierda, con el pasquín a la altura del estómago, el alcalde de Almería Luis Rogelio Rodriguez Comendador. Un tipo políticamente gris, que se suele presentar como “un mandado”  (de Amat)  para justificar su complicidad a la hora del reparto del dinero de los almerienses a los medios de comunicación. Pero no nos engañemos, una práctica liberticida de la que no solo es cómplice Rodríguez Comendador, sino de la que se beneficia política y personalmente.
En la concentración también estuvieron pero más discretos, sin capitalizarla como hizo el PP, los dirigentes del PSOE con José Luis Sánchez Teruel a la cabeza. El mismo político que es capaz de vanagloriarse públicamente  de que, gracias a sus presiones, a un periodista le levanten un artículo incómodo donde, con documentos, se narraba su implicación en la supuesta desaparición de 40 millones de euros públicos en el Caso Marismas, investigación donde la Guardia Civil pide su imputación. El mismo político que ni se ha coscado cuando su protegido, el alcalde de Albox y ex número cuatro regional del partido, ha salido anunciando querellas contra informaciones tan incómodas como veraces.
Pero lo más sorprendente de todo no es la presencia de políticos que intenten chupar cámara, demostrando menos vergüenza que un gato en una matanza; lo más insólito es que los periodistas convocantes del acto hayan permitido semejante espectáculo, no desmarcándose claramente y colocando a los políticos en la segunda o tercera fila, en el sitio que les correspondía en esa concentración junto a los lápices de la libertad. Máxime cuando todos ellos, los periodistas presentes y ausentes, saben - sabemos- a la perfección quiénes son los responsables de la metástasis que corroe desde hace años a la Libertad de Expresión en Almería. Algo, no lo olvidemos, que la sociedad ha percibido hace tiempo con toda nitidez y posiblemente lo demuestre en las urnas.

La Asociación de Periodistas de Almería, su directiva actual y su presidenta a la cabeza, debiera meditar seriamente sobre el papel institucional que están jugando en el momento presente, ante la sociedad a la que debemos servir los periodistas, donde la calle reclama regeneración y limpieza en las reglas del juego democrático. Aún a riesgo de no poder celebrar agasajos postineros anuales, subvencionados por políticos y empresarios, con motivo del día del patrón y gratis total. La complicidad, muchas veces, es más grave que la propia autoría del delito, porque los cómplices podrían haberlo evitado o, al menos, denunciado como es el caso de los periodistas.

1 comentario:

carmen esteban aguila dijo...

ellos no son Charlie hebdo son charlina gosprdal
charlin amat
charlin arenasy demás charlines de de los charlines de toda la vida