sábado, 19 de julio de 2014

MI PONENCIA EN LA OLAVIDE SOBRE "EL CONTROL Y LA PRESIÓN SOBRE LOS PERIODISTAS"

Atendiendo a la solicitud de muchos compañeros y compañeras de profesión a través de las RRSS, y para evitar posibles distorsiones o malos entendidos a mis palabras y opiniones por el "boca a boca", reproduzco a continuación el texto integro de mi intervención, ayer viernes 18 de julio, en la Escuela de Verano de la Universidad Pablo de Olavide en Carmona.
Dicha intervención se produjo en el transcurso de una mesa redonda en la que participé junto a dos grandes profesionales del periodismo español: Anabel Diez, Jefa de Sección del diario El País y Esther Palomera, prestigiosa corresponsal política, despedida recientemente del diario La Razón.
El titulo de la Mesa - El Control y la Presión sobre los Periodistas- justificaba sobradamente que por mi parte explicase, a grandes rasgos, dos años después, los motivos reales que se ocultaron tras mi salida - despido- de la Dirección Regional de Onda Cero en Andalucía, tras 19 años en el puesto.



"EL CONTROL Y LA PRESIÓN SOBRE LOS PERIODISTAS".

Pepe Fernández.


Muy buenos días y muchas gracias, a todos y a todas, por vuestra asistencia a esta mesa redonda en la "Sede Olavide en Carmona".
Se nos convoca esta mañana, en esta histórica ciudad, donde además se redactó el primer Estatuto de Autonomía de Andalucía, para cambiar impresiones sobre "El control y la presión sobre los periodistas".
Un enunciado atractivo, sin duda, en tanto en cuanto quienes ejercemos el oficio de ser notarios de la actualidad que nos rodea somos- no lo olvidemos- depositarios y administradores de un derecho fundamental de los ciudadanos como es el Derecho a la Información. Por nuestras manos, por tanto, a diario pasa un delicado material como es la verdad, solo la verdad y nada más que la verdad. Y en tiempo de mentiras, dejó escrito George Orwell, contar la verdad es un hecho revolucionario. En esa frase puede que queden concentrados nuestros pecados y también nuestra penitencia.
El control y la presión sobre la información. Dos términos que en el mundo del periodismo actual hay que distribuir a partes iguales entre los medios y los periodistas que en ellos trabajamos. Control de los medios, a través de sus consejos de administración, desde sus cuentas de explotación, sus concesiones administrativas, incluso sus deberes fiscales o tributarios y, sobre todo, presión sobre los profesionales  que, a pie de tajo, comprueban habitualmente como se les obliga, no ya a contar que lo negro es blanco, sino algo más grave todavía: obviar o silenciar aquellas informaciones que, siendo verdad y de interés general, son incómodas al poder de turno; el mismo poder político que invierte dinero público, supuestamente con fines publicitarios y servir a la sociedad, para el control de los medios y sus contenidos informativos.
El control y la presión. ¿Es similar en la capital del reino que en el resto de comunidades o provincias? Seguramente las magnitudes serán distintas, aunque el fondo sea el mismo.
Permítanme que les cuente muy por encima mi experiencia personal en la penúltima etapa vivida profesionalmente.
Ayer jueves se cumplieron dos años exactos de mi despido en Onda Cero.
Un 17 de julio, sin previo aviso, ni siquiera tiempo para recoger mis pertenencias, acumuladas durante 19 años en el despacho de la Dirección Regional de la cadena en Andalucía -de la que fui uno de sus fundadores- el Director General de la cadena se plantó en Sevilla y me presentó la carta de despido y el correspondiente talón con el finiquito. Siempre pensé que, al igual que me habían sentado en aquel despacho, algún día alguien me diría que debería abandonarlo. Siempre lo tuve asumido, lo que supuso una gran ventaja sicológica. Nada es eterno.
Ni siquiera pregunté los motivos del despido porque los intuía, aunque en ese momento confieso que no tenia los datos y evidencias que, dos años después, sí poseo. Conste en acta que, siendo duro de asimilar aquel acto por inesperado, todo transcurrió en un clima correcto y en cierta medida afectuoso entre ambos.
Abandoné esa tarde las instalaciones por la misma puerta principal por la que entré el 1 de julio de 1993. Volví al cabo de varias semanas para empaquetar y recoger mis pertenecías acumuladas durante dos décadas.
Aquella misma tarde del 17 de julio me cortaron el teléfono corporativo y también el servicio de correo electrónico. Pagué de mi bolsillo, por tanto, las despedidas de rigor de mis compañeras y compañeros de la casa.
En realidad mi cese al frente de la segunda cadena de radio en Andalucía - me la encontré siendo la cuarta en audiencia y en pérdidas- estaba decidido un año y cuatro meses atrás. Y, desde luego, no por la marcha de la audiencia ni por cuenta de explotación, por la que cada año resulté gratificado con el correspondiente bonus complementario.
El 3 de marzo del año 2011, una visita similar del Director General de la cadena, me trasladó una orden muy concreta que él había recibido a su vez desde las alturas del Grupo Antena 3: "Olvídate de Almería, deja los temas de Almería, actúa como si no existiera Almería".
¿Que llevaba implícita esta orden o consigna sobre Almería?
Muy sencillo: desde el año 2007, junto a mi equipo de periodistas en El Ejido, Almería y Sevilla, habíamos empezado a destapar allí una trama de corrupción en el PP a gran escala y que, a la postre, la Justicia acabó denominando "Operación Poniente", dando la razón a nuestras denuncias periodísticas, apoyadas por la franquicia del diario El Mundo de Almería.
Millones de euros de dinero público robado, casi un centenar de imputados, el alcalde de El Ejido y varios empresarios en prisión, fueron los datos más reseñables, fruto de la acción de la Justicia y de aquella labor informativa entorno a un proceso que hoy, siete años después, sigue instruyéndose lentamente en un juzgado de Almería y sin fecha fijada para la vista oral.  Un dato, por cierto, verdaderamente alarmante en un Estado de Derecho.
Siempre consideramos, como se está viendo en la actualidad, que la corrupción almeriense no solo estaba en El Ejido, sino que se extendía a Roquetas y al resto de la provincia. Por aquella época, el líder regional del PP andaluz, Javier Arenas, ya había decidido desembarcar en Almería de la mano del líder local Gabriel Amat y, desde allí, intentar conquistar la Junta de Andalucía por enésima vez.
Déjenme decirles que en Almería, aún a día de hoy, la corrupción político económica goza de una especie de "Ley de silencio" entre los dos grandes partidos, PP y PSOE; una especie de omertá por la que ambos no se denuncian mutuamente en los juzgados. Solo pequeños altercados y sin mayor trascendencia. Algo que, como se ha visto, no sucede en el resto de Andalucía, leáse Caso Eres por ejemplo.
Como les decía mi mordaza llegó un 3 de marzo y tan solo quince días después, el 18 de marzo, sufrí un infarto múltiple que me condujo al quirófano del Hospital Macarena y a la implantación de tres bypass en mi maltrecho corazón. Ni que decir tiene que al estar varios meses de baja la guillotina se paró y, también, las soterradas presiones políticas para provocar un cambio claramente partidista en la línea editorial de la cadena en Andalucía. Algunos incluso creyeron que no volvería a ejercer por la dureza del golpe de salud, pero se equivocaron. Siete meses más tarde, en octubre de 2011, tras una rehabilitación exitosa, volví a mi puesto. Incluso con más ganas que antes, tras haberle visto de cerca el rostro a la parca.
En lontananza aparecían unas autonómicas y el irresistible ascenso del líder Arenas al que los sondeos situaban, erróneamente según se comprobó el 25 de marzo de 2012, en la presidencia de la Junta. !Cuantos trajes de consejeros se hicieron gentes del PP en esa etapa¡
Las presiones y las consignas aumentaron. Incluso se me pidió el relevo de mi Jefa de Informativos, cese al que por supuesto me opuse en tanto yo fuese el director. "Cesarme a mí antes" llegué a decirle entonces a mi presidente. De igual forma se nos obligó a ir de la mano editorialmente del diario La Razón que, sin formar parte oficialmente del Grupo, ejercía gran influencia editorial en la tele y en la radio a través de su presidente Mauricio Casals, el hombre que velaba editorialmente en el Grupo Antena 3 por los intereses de comunicación del PP. Un tipo, por cierto, muy amigo de Javier Arenas y ambos sabrán de qué y por qué.
Podría entrar en infinidad de detalles sobre las múltiples presiones y consignas recibidas, siempre para favorecer las necesidades informativas del PP, cuyos responsables en Andalucía nos puenteaban habitualmente y recurrían sistemáticamente  a Madrid para imponernos su criterio y sus manejos informativos en los contenidos de la redacción. No se fiaban de un director que, por sistema, siempre defendí la libertad de mis compañeros periodistas frente a los aparatos, presiones y criterios de los partidos o clanes de intereses. Unas consignas, todo sea dicho de paso, que nunca trasladé a mi equipo de redacción- y ahí siguen todos para atestiguarlo- en tanto que siempre avalé su trabajo profesional desde la calidad, la pluralidad y la independencia, las únicas consignas, por cierto, que escuché encantado de boca del dueño de la cadena, el editor José Manuel Lara Bosch en sus visitas a Sevilla.
Fue tanta la osadía del PP andaluz de Javier Arenas por intentar controlarnos que, a cambio de una pequeña inversión mensual en la cadena regional, me plantearon firmar un convenio- que me negué a suscribir, por supuesto- que en una de sus clausulas imponían la selección de contertulios a participar en nuestros programas regionales de opinión.
Confieso, sin embargo, mi única frustración a la hora de poder evitar, en junio de 2012, el caprichoso despido de la delegada de la emisora de El Ejido, Eva Liria, la periodista que años atrás había destapado la "Operación Poniente" en Almería y que fue despedida, por indicaciones políticas directas del PP almeriense, poco antes de mi cese. Por supuesto con financiación institucional abundante de por medio de los populares desde ayuntamientos y la Diputación de Almería. Una decisión que consideré injusta y que tensionó sobremanera mi relación con la cúpula de la cadena debido a mi oposición a un despido injustificado profesional y empresarialmente.
Grosso modo esta fue mi experiencia final en Onda Cero, a propósito de la temática que hoy nos reúne aquí.
Tras  abandonar la dirección regional, fue cesada la Jefa regional de Informativos, también por indicaciones del PP. Pero esas cosas no solo sucedieron en Onda Cero Andalucía, también en otros medios radiofónicos. La misma suerte que yo corrió el Jefe de Informativos de Cope Andalucía, que fue despedido a petición del alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, entre otras cosas por dar voz a los trabajadores en una huelga de basuras en Sevilla.
Ni que decir tiene que a cambio de estas escabechinas entre los profesionales de los medios, las inversiones de publicidad institucional aumentaron desde administraciones del PP en proporción a la disminución de la libertad y el pluralismo en el derecho a la información de los oyentes.
Una práctica, desgraciadamente, que no es patrimonio de la derecha. También en el PSOE se han dado casos, pero por lo que yo he conocido en mis últimos veinte años de director, con mucha menos virulencia en el medio radio y, desde luego, menos crueldad para con los profesionales. En la época de Manuel Chaves al frente de la Junta, el PSOE, castigaba a las empresas de comunicación no invirtiendo en publicidad institucional que repartía de forma caprichosa junto a frecuencias de emisión a los medios que se portaban bien con los intereses del PSOE. Onda Cero fue una de las castigadas. También, en la etapa del alcalde socialista Monteseirín en Sevilla, algún editor de prensa entregó la cabeza del director de un periódico, tasada en medio millón de euros. Yo renuncié a una fuerte inversión municipal por no entregar "la cabeza" de un colaborador llamado Paco Robles.
No exagero si afirmo que, a día de hoy, el poder político en Andalucía ha conseguido domesticar y someter al periodismo. Entre otras cosas porque los autores materiales de estas tropelías se han permitido presumir posteriormente en público de sus hazañas, con el único objetivo de intimidar a la profesión, para que se sepa quien manda de verdad en los medios y en los periodistas.
Estos ejemplos entorno al ejercicio del periodismo en provincias, nos da pie para preguntarnos esta mañana por numerosas cuestiones que dejo sobre la mesa para que, tanto Anabel (Diez) como Esther (Palomera), si lo consideran oportuno, entren en materia.

-¿Este tipo de presiones se ejercen solamente en provincias o en Madrid también se cuecen habas y más gordas?
-¿Qué hacen o qué podemos hacer los periodistas para evitar el manejo  de nuestro trabajo por parte de los políticos?
-¿Por qué el periodista es el único trabajador que, normalmente, no es defendido desde el resto de los medios y, muchas veces, ni siquiera por los sindicatos o las asociaciones profesionales?
-Admitir y tragar con este tipo de prácticas de control de los periodistas ¿podría estar en el fondo del desprestigio ante la ciudadanía de nuestra profesión en la actualidad?
-Al igual que está sucediendo en el ámbito político, ¿el periodismo debiera hacer autocritica de todo aquello que nos ha alejado de nuestra labor de administradores de un derecho fundamental como es el de la información de los ciudadanos?

Cuestiones todas ellas que nos preocupan no solo a los periodistas, también a la sociedad a la que servimos.

Muchas gracias. 

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