domingo, 17 de enero de 2010

PIZARRO TENIA OTRA HOJA DE RUTA

La tregua de la Navidad ha ayudado al presidente Griñán y a su partido a que se deje de hablar de aquella crisis abierta el pasado verano por Manuel Chaves al pronunciarse en contra de un liderazgo bicéfalo en el PSOE-A.

La declaración del máximo jefe del socialismo andaluz fue suscrita de inmediato, con la contrastada habilidad política del Secretario General del PSOE de Jaén, Gaspar Zarrías, dándole al asunto categoría de serio conflicto interno y visualizándose la lucha por la herencia de Chaves: el poder.

Un conflicto que alcanzó su punto álgido cuando el Presidente Griñán se vio obligado a proclamar su liderazgo absoluto al frente del proyecto socialista en Andalucía. Tuvo que salir al paso no solo para proclamar su jefatura indiscutible, también para cerrar una soterrada ofensiva interna en la que los más cercanos a Luis Pizarro vendieron sotto voce que el conflicto se situaba - “no te equivoques, la bronca es entre Pepe y Manolo”- entre Chaves y Griñán. Nada más alejado de la realidad como se ha visto finalmente. Al final fue cierto, Griñán se hubiese jubilado de la política antes de enfrentarse a su “amigo” Manuel Chaves según confesó en su día el presidente, que es un hombre que ha demostrado en su vida que respeta los códigos. Que Griñán controle las listas de 2012 como secretario general del partido y presidente de la Junta, gracias a un congreso regional que ha conseguido adelantar en el calendario, viene a confirmar la entrada en dique seco, el fracaso a medio plazo, de la única hipótesis de futuro para la sucesión de Chaves barajada desde el aparato del partido, mucho antes de que José Luis Rodríguez Zapatero pensara en retirar a Chaves del escenario andaluz, nombrándole vicepresidente del Gobierno. La operación quedó diseñada tras la última victoria electoral del PSOE-A, a cuatro años vista, exactamente cuando Chaves formó el que nadie sabia – salvo Zapatero- que sería su último gobierno, incorporando entre otros a Martín Soler Márquez, cuyo papel más destacado hasta entonces había sido el cargo de secretario del partido en Almería, nombrándole consejero de Agricultura y Pesca. ( Almería fue la única provincia donde el PSOE-A perdió humillado en las urnas por el PP liderado en su lista por Javier Arenas)


UNA JUGADA A CUATRO AÑOS VISTA


Pese a esa circunstancia adversa, Martín Soler se convertía desde ese momento en el sujeto activo de la estrategia personal de Pizarro, en el mejor candidato para suceder a Manuel Chaves en 2012 o 2013. No contaba el entonces vice secretario general del PSOE-A con la que iba a caer durante la Semana de Pasión, trastocando sus planes de largo alcance de forma considerable. A todo esto, convendría remarcar que la “Hipótesis Pizarro” siempre fue eso, una hipótesis de trabajo, fraguada quizás en las largas charlas políticas de los habituales veraneos familiares de ambos dirigentes en el Cabo de Gata. Si hubiese sido algo más que una idea no escrita, se podría recurrir a bautizar el asunto con el novelesco titulo de “Operación Agua Amarga”. Martín, además, había dirigido y ejecutado con éxito desde hacia tres años una experiencia sonora y llamativa, el arrinconamiento del PP en Almería, quitándoles administrar más de 225 millones anuales en la Diputación provincial. Pero eso no era lo más llamativo, lo escandaloso fue comprobar como se pactaba por debajo y por encima de la mesa con Juan Enciso, alcalde de El Ejido, ex PP, presidente del PdAL y desde hace casi tres meses encarcelado en el contexto de la Operación Poniente, acusado de ser el cabeza de una trama que puede haber cometido graves delitos.



VALLEJO APARTADO DE LA CARRERA


La crisis de bajas pasiones socialistas desatada el Viernes de Dolores y la salida de Paco Vallejo del ejecutivo de Griñán, dejó expedita la sucesión a medio y largo plazo al quedar en la cuneta un firme candidato ( al menos con el mejor currículo de todos los posibles) apadrinado por Gaspar Zarrías, el poderoso ex vicepresidente y contrapoder que, junto a Pizarro en el partido, le ha permitido a Chaves mantenerse dos décadas al frente del proyecto socialista andaluz. Más de uno llegó a creerse entonces que la irrupción de Griñán era un apaño temporal y de emergencia, en tanto que más de una vez había hablado el vicepresidente económico de la Junta de su edad de jubilable – casi la misma que Chaves- y de sus deseos de vivir una nueva vida al margen del despacho oficial, tras treinta y tantos años de servicio publico. Erraron, Griñán llegó para quedarse desde la responsabilidad histórica asumida, con todos sus avíos y prerrogativas del cargo, de ahí sus pronunciamientos públicos de reafirmación como líder. Quizás se equivocó el presidente al elegir las formas utilizadas, dándole altavoz de muchos watios, en tanto el suyo era un mensaje directo al partido, especialmente a los cuadros y cargos públicos de toda la comunidad.

Previamente, a la hora de formar el gobierno, Griñán había jugado su carta más audaz y arriesgada, que le salió bien: incorporar en Gobernación, venciendo su resistencia, a Luis Pizarro, apartándole de facto del timón de San Vicente. Allí, en el puente de mando, el presidente dejaba a un joven con el que fraguó amistad en Córdoba y en el que confía plenamente: Rafael Velasco, perfecto eslabón entre gobierno y partido, en el que también confía Pizarro por haberle elegido como Secretario de Organización y numero tres del partido. Y, ojo, también respaldado por Gaspar Zarrías, con el que parece que mantiene una fluida relación personal y política.

La salida “cantada” de Vallejo de la macro consejería estrella del gobierno, por no medir ni sus tiempos ni su fuerza para intentar quitarle en su día la vicepresidencia a Griñán, dejó vacante algo más que una consejería con una extraordinaria dotación presupuestaria; dejaba libre el tercer sillón de la Junta en poder y capacidad de influir en sectores estratégicos de la economía, la industria, la investigación en las nuevas tecnologías, la Universidad etc, influencia y poder tras el propio presidente y la Consejería de Gobernación en manos de Luis Pizarro Perales.

Fue cuando Martín Soler, hombre de trato directo, afable y cercano, habilidoso en los regates cortos, legítimamente ambicioso y en edad para saber esperar su oportunidad, cambió la Agricultura y la Pesca por la fastuosa y lucida consejería de Innovación. Griñán dejaba parcelas estratégicas en manos de personas de la absoluta confianza política de Pizarro: Gobernación, Medio Ambiente, Empleo e Innovación, Ciencia y Empresa, con una muy notable novedad, nunca en tres décadas el aparato del partido y el gobierno se habían entremezclado tanto.



AÑO DECISIVO PARA GRIÑÁN


Griñán se enfrenta a retos decisivos en este año que acaba de comenzar. Como dirigente político la primera gran prueba serán los preparativos de las elecciones municipales del próximo año, en las que las plazas de Córdoba, Málaga y Huelva se han convertido en objetivo estratégico para los socialistas. (Lo de Sevilla casi lo dan por pedido si a Torrijos le abandonan algunos de sus 27.000 votos). Como presidente le toca administrar la crisis económica en el ámbito andaluz, sobre todo, cortar y recortar el camino al millón de parados oficiales. Tanto para una cosa como para la otra necesitará un reajuste gubernamental, en tanto que algunos miembros del consejo de gobierno aparecen como aspirantes a listas electorales más importantes y estratégicas de Andalucía. Además, Griñán sabe perfectamente que su actual gobierno lo improvisó obedeciendo a pautas circunstanciales internas excepcionales, marcadas por la inesperada sucesión de Manuel Chaves, de la misma forma que sabe que para afrontar el futuro necesita una actualización del sistema de gobierno en base a diversas situaciones que han cambiado, fuera y dentro del partido, en estos meses.

El presidente no quiere consejeros que solo sepan explicar bien los proyectos, necesita gente que los proyecte, los explique y los ejecute con prontitud razonable. Para Griñán la ciudadanía tiene que ver algo más que palabras y subvenciones, por cierto, parece que no siempre distribuidas con criterios equitativos y del interés general. Dándose la paradójica circunstancia que los consejeros que reúnen estas características de proyectar y ejecutar aparecen aparentemente alejados de los focos partidistas, como es el caso de Rosa Aguilar o la propia Mar Moreno en Obras Públicas y Educación respectivamente, además de Carmen Martínez Aguayo en Economía o Antonio Ávila como gran fontanero de Griñan en Presidencia. Otro tanto sucede con los consejeros Micaela Navarro, Luciano Alonso, Juan Espadas o María Jesús Montero, estos dos últimos rumoreados como posibles sustitutos de Monteseirín en Sevilla, al igual que Alonso para Málaga, aunque descartado como tal, según confesión del propio Griñán a unos cuantos periodistas la pasada Navidad.

Griñan, Chaves, Zapatero y Blanco coinciden y conocen bien las fortalezas y debilidades actuales del socialismo andaluz, tras el desgaste de treinta años de gobierno y el pago político de la crisis. Entre las debilidades caben destacar dos muy notables: la necesidad de que se limpie la casa socialista, que se abra a la sociedad y se airee, que entre savia nueva y se abandone el sectarismo institucional en el manejo partidista de los fondos de inversiones públicas, ya sea para beneficiar los intereses del partido, ya para ayudar a consolidar algunas ambiciones, aventuras o castillos en el aire. ¿Zapatero y su supuestamente discutido liderazgo? La organización andaluza está con ZP y Griñán el primero. Pero la que más inquieta a casi todos los socialistas es la que empiezan a vaticinar los sondeos: que Javier Arenas puede sentarse, ¡tras su cuarta intentona! en la presidencia de la Junta en 2012. El fantasma del PNV y CiU quita a muchos el sueño en el socialismo andaluz desde hace unos meses. No es para menos.


POST SCRIPTUM:

Una semana después de haber redactado la anterior aproximación a la realidad que envuelve al PSOE-A, ha visto la luz este fin de semana la encuesta del Instituto de Estudios Avanzados (IESA). Creo que no debo cambiar ni una sola linea del analisis de situación, de hecho al final y sin conocer el sondeo del IESA dejo reflejado que Arenas camina hacia la Junta con paso firme, eso sí en su cuarta intentona. Por vez primera un sondeo oficial – al margen de las encuestas juanpalomo que encargan los partidos- reconoce que algo empieza a cambiar en Andalucía desde el punto de vista electoral. El sondeo, que coloca al PP por encima del PSOE en intención de voto casi dos puntos, debe haber sonado como un verdadero aldabonazo entre quienes dirigen el PSOE ya sea en Andalucía ya en Madrid. La situación debe ser considerada como delicada a la vista de lo que piensan los andaluces en ese sondeo. Encendidas las luces de emergencia en Andalucía, el verdadero granero de votos de Zapatero para permanecer en La Moncloa, no debieran descartarse medidas excepcionales con tal de atajar en estos dos años que quedan para las urnas la iniciada sangría en intención de voto. Y esas medidas solo pueden pasar por una acción de gobierno que aleje de los ciudadanos esa imagen de tribu sectaria que demasiadas veces da el PSOE a través del gobierno de la Junta en el reparto equitativo de la riqueza y los presupuestos.

Los datos demoscópico, se tranquilizarán los socialistas más incautos, pueden variar mucho en dos años e incluso pueden seguir creyéndose eso de que “Arenas es un perdedor”, pero en esta ocasión, olfateando la calle, uno percibe que la tendencia del ciudadano cabreado es con el que manda según refleja el sondeo.

Por pensar en medidas excepcionales podemos pensar desde que vuelva Manuel Chaves a la celebración en solitario de las elecciones de 2012. (Algo tendrán que hacer) Justo será reconocer que el castigo demoscópico del PSOE y el ascenso de la alternativa del PP en Andalucía, obedece en gran medida al desgaste del propio Rodríguez Zapatero y a su manifiesta incapacidad para gestionar la grave crisis que va camino de cambiar el escenario político andaluz después de treinta años de socialismo.

De ahí por tanto que, de momento, prevalezca la imagen del líder Griñán y quienes manejan los aparatos del partido, los nueve, deberán ser cautos a la hora de no prestarse a operaciones que puedan dar pie a interpretaciones equívocas e irremediablemente dañinas electoralmente.

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