jueves, 10 de septiembre de 2009

LA HISTORIA DE ANNA

Una vieja amiga y compañera me ha enviado esta mañana este texto, escrito en las ultimas horas. Creo que vale la pena leerlo y meditar sobre quiénes y, sobre todo, cómo administran la Justicia en este país.


LA HISTORIA DE ANNA


“Anna tiene 21 años. Hace uno, con los veinte reciente cumplidos, conoció a Pedro, un muchacho encantador. Hacían una pareja estupenda. Ella alta, delgadita, rubia, ojos azules… Él, moreno, ojos negro, fornido… Anna es diseñadora gráfica. Pedro trabaja como operario en una empresa de aluminios. Estuvieron juntos hasta el pasado viernes por la noche. Pedro bebió más, mucho más de lo previsto y Anna no le dejó coger el coche para volver a casa. Él respondió golpeándola con saña, en la cara, en el cuerpo… dándole infinidad de patadas en las piernas… clavándoles las llaves del coche en los muslos, en el costado… Ella se defendió con lo único que puede alguien que tiene los brazos inmovilizados: mordiéndole. La pelea calmó al energúmeno y ella, temblorosa y aturdida permitió que la llevara a casa para recoger sus cosas y marcharse. Anna hizo lo que tenia que hacer: fue a un CAP donde la examinaron, confirmando la agresión y acto seguido a la comisaría para poner la denuncia correspondiente. Todos fueron extremadamente amables y comprensivos con ella. Todos, excepto quien más debía serlo. Ayer se celebró el juicio rápido para ver si se le concedía a Anna la orden de alejamiento que había solicitado.

Y ayer Anna salió del juzgado sin la orden y con una petición de nueve meses de cárcel para ella también, por haber mordido a quien la maltrataba que, evidentemente, la había denunciado también alegando que había empezado ella. Y quien solicita la pena es, ni más ni menos que la fiscalía. Increíble. Sencillamente increíble.

En la denuncia consta que él había bebido, según confirma la camarera de un bar, 20 medianas en unas tres horas. Más una cosa llamada “cubalitro” cuyo nombre solo ya da idea y medida de lo que se trata….y unos cuantos cubatas. No estaba, evidentemente, en condiciones de conducir. Pero eso no ha importado en el juzgado. Sola en medio de la nada, Anna tuvo que esperar a que se calmara y permitir que la llevara a alguna parte donde pudiera pedir ayuda. Fue tonta y lo sabe, pero con el cuerpo dolorido y la mente confusa no supo hacer otra cosa. Por eso, porque accedió a que el agresor la devolviera a su casa, no le conceden la orden de alejamiento. Si subió al coche no debe temer tanto, dicen… Pero eso no es lo peor. Lo peor de todo, lo más triste, frustrante, lamentable y doloroso es que la fiscal –si, una mujer- dictó petición de culpabilidad para Anna también sin haberla visto siquiera. Cuando prestó declaración, estaba ocupada y no estuvo presente. Alegó que con el escrito de sus compañeros tenía suficiente. Pero en el escrito no figuraban las lágrimas de Anna al relatar lo hechos, su voz rota y dolida al leer la declaración, el miedo que aún se veía en sus ojos… Tampoco vio que Pedro pesa 110 kilos y Anna 57…

No se tuvo en cuenta tampoco, que no era la primera vez que él la pegaba. Como no había denunciado… Ella, como muchas mujeres maltratadas, había ocultado el hecho a los amigos, a la familia, y lo “justificaba” pensando que era culpa suya y que él acabaría cambiando…

Anna tiene miedo de salir a la calle sola. De quedarse en casa. Se siente doblemente agredida: por quien la maltrató físicamente y por quien la condena sin conocerla y por haberse defendido. Se ha preguntado si debía haber callado una vez más... Si hizo bien en denunciar…Si irá a la cárcel...

Piensa que la justicia se lo ha tomado como una peleilla de novios. Pero ella no. Y piensa seguir adelante. Sabe que si no lo hace, mañana, pasado o cuando sea, ese muchacho aparentemente encantador puede hacerle lo mismo a otra chica. Sabe que, ahora, el agresor se siente fuerte: la ha pegado, la ha maltratado y no pasa nada. Al contrario, ella también ha sido acusada de delito de agresión. Y no está dispuesta a permitir que otra muchacha sea víctima de las palizas de un energúmeno. Dice que quiere seguir con la denuncia aunque le toque ir a la cárcel a ella también. Pienso que es una mujer muy valiente que además de plantarle cara a su agresor, le planta cara a la justicia.

La verdad es que estoy muy orgullosa de mi hija”.


1 comentario:

Pakithor dijo...

Impresionante testimonio, Pepe. Algo grave está ocurriendo en España. Maltratadores que son víctimas, padres que no pueden ver a sus hijos, niñatos que agreden a la Policía impunemente... y no me refiero sólo a la Justicia, sino a nosotros mismos. ¿Qué clase de sociedad estamos construyendo?.

Un abrazo.