domingo, 5 de julio de 2009

GRIÑÁN, CAMINO DE LOS CIEN DÍAS

Camino de que se cumplan este mes los cien días de la ordenada sucesión en el socialismo andaluz, es tiempo más que suficiente para constatar algunas gestas y gestos que, sin duda, marcan el funcionamiento interno del partido que gobierna Andalucía. En tres meses, el diagnostico sobre lo que está pasando puede darnos pistas más certeras que la propia hoja de ruta oficial de la gran crisis. Una primera observación que conviene constatar es que el PSOE-A ha tenido más éxito externo que interno en el control de imagen de la crisis de transición de Manuel Chaves a Pepe Griñán. Ante una oposición descolocada (PP-A) y saqueada (IU), el PSOE-A ha protagonizado un recambio aparentemente ejemplar, de libro, dicen ellos muy ufanos. Pero no contaban con algunas sorpresas, como la virulenta oposición del PP en el caso Matsau/Chaves, el discreto papel de Chaves en Castellana 3 como vicepresidente sin presupuesto, perder cien mil votos en las europeas o dejar demasiados compañeros heridos en las cunetas del recambio. (Que pregunten en Jaén, Málaga, Granada o Sevilla)
Lo primero que se percibe es una imagen inusual y un tanto inédita en el socialismo andaluz. La imagen de un presidente que no lidera el partido, que se sabe que no manda de verdad, aunque tenga a Pizarro como segundo en la Junta, o quizás por eso. La imagen de un presidente al que, esas circunstancias, parece que no le permiten ser el Pepe Griñán que el día de su investidura anunciaba el abandono oficial del sectarismo.
Por lo menos, en el caso de la ciudad de Málaga, esa parece que está siendo la conducta de Griñán, el pleno entendimiento con el alcalde del PP. Algo que sugiere una inversión socialista a medio y largo plazo en la fortaleza electoral de los populares, más que a justicia inversora en la segunda capital de Andalucía. Griñán, que esta semana hará publica en Málaga su política turística, es consciente sin embargo cuánto le está costando vender su apuesta malagueña en una provincia donde el liderazgo del partido brilla por su ausencia. Por no tener no tienen ni a quien colocarán en 2011 frente a Paco de la Torre, decano de los políticos andaluces. (Fue procurador en Cortes)
La imagen de un presidente Griñán que duda, que hace declaraciones ¿calculadamente? ambiguas sobre si repetirá en 2012; una apreciación que quizás pase desapercibida para el gran público, pero no en el seno de una organización donde la tensión interna no parece que haya concluido y ante dudas del presumible candidato, no faltarían movimientos, codazos e incluso heridas de tercer grado, como ha estado a punto de pasar. Trifulcas en las que, obviamente, participarían de la mano Ferraz y los damnificados del recambio frente al aparato de Pizarro en San Vicente.
Tampoco parece que el presidente esté acertando en su política de comunicación. Más bien se tiene la sensación de que ha blindado con siete candados la misma política de relación con los medios que Manuel Chaves mantuvo durante diecinueve años. Si observan, la mayoría de las entrevistas que ha concedido han coincidido con los espacios que usaba su mentor y predecesor. Por otra parte, la actual Oficina del Portavoz, con Manuel Pérez Iruela al frente, no parece tener la influencia que tuvo ese departamento históricamente en la presidencia. Así vino sucediendo con los anteriores portavoces Enrique García, Julio Artillo, Pepe Nevado, Rafael Camacho, o Enrique Cervera. (La etapa de Montserrat Badía fue muy similar a la actual, quizás por eso fue tan breve). La improvisada respuesta a la inesperada ofensiva mediática y política del Caso Matsau, dicen que puede que tenga mucha culpa de la falta de agilidad y del mantenimiento de esa selectiva política de comunicación del presidente.
La entrada de Luis Pizarro en la consejería más política, Gobernación, ha dejado el partido en manos de Rafael Velasco, Secretario de Organización, cuyo principal pecado es su juventud, sobre todo para quienes olvidan que lleva 16 años con responsabilidades en el partido, siendo actualmente el brazo ejecutor en San Vicente de Luis Pizarro, posiblemente el político socialista que más poder real ha reunido desde 1982 en Andalucía. Camino de cumplirse los cien días de la era Griñán, el presidente aún no ha logrado desmarcarse de “lo de siempre” y ese es, para muchos, un síntoma inquietante, posible acelerador del temido cambio de ciclo, en el que Javier Arenas y el PP-A no serían un factor determinante, aunque sí beneficiarios.


SISMOGRAMAS

LA VERDAD EN EL PP

Ha hecho justo lo contrario de lo que algún día, siendo niña, seguro que le recomendó su madre: “Esperancita, hija, tú callada y no te señales”. Esperanza Oña, alcaldesa de Fuengirola nacida en Sevilla, veterana diputada del PP y portavoz de su partido en el Parlamento de Andalucía, se ha señalado, aunque ha dicho seguramente la mitad, de la mitad de lo que sostiene en las reuniones orgánicas del PP-A. Pero por las reacciones, parece que ha nombrado la bicha, o sea, ha venido a decir que con los resultados de Sevilla, Huelva y Jaén, el PP no gana la Junta de Andalucía en 2012. Que hay que cambiar estrategias y personas. Eso, más o menos, ha dicho quien tiene autoridad más que contrastadas en subidas electorales en Fuengirola y en la provincia de Málaga. Pues parece que la Sra Oña ha mentado a algún familiar de Arenas (esto está muy de moda y cabrea mucho) porque se le han lanzado en plancha sobre ella, dándole pellizcos monjiles. Primero los de Jaén, (mira quienes fueron a hablar, los de la eterna lucha interna), y después el secretario general del partido que tranquilizó a las masas... sobre todo a los que mandan en el PP de las provincias nominadas.
Algunos socialistas han querido ver en todo esto la irrupción de alguien que pretende disputar el liderazgo del partido a Arenas. Se equivocan. Oña conoce el partido, es inteligente, sabe de elecciones y cree realmente que arreglando electoralmente esas provincias Arenas (que hoy no tiene recambio posible) podría ser presidente de la Junta en 2012. Haber dicho en publico lo que la mayoría reconoce en privado, parece que ha sido su gran pecado. Pero la verdad es la verdad, en público y en privado. Arenas lo sabe.

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