martes, 21 de febrero de 2006

PSOE DE SEVILLA: UN PARTIDO FRAGMENTADO


Les ofrezco a renglón seguido el completo y detallado analisis realizado por Juan Carlos Blanco el pasado día 20 de febrero en Diario de Sevilla sobre la situación actual del PSOE en Sevilla.


UN PARTIDO FRAGMENTADO


"De inicio, un breve resumen para no perderse en el galimatías de intereses del PSOE de Sevilla: el alcalde hispalense, Alfredo Sánchez Monteseirín, y el secretario provincial del partido que sustenta la institución, José Antonio Viera, mantienen unas relaciones soportadas en una confianza precaria; la secretaria de organización, Susana Díaz, y el vicesecretario de Sevilla capital, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, son enemigos cordiales desde sus tiempos juveniles, y el vicesecretario de la provincia, Fernando Rodríguez Villalobos, lanza sin rubor alguno puyazos en la prensa al regidor de la capital y al dirigente que le antecedió en su actual cargo de presidente de la Diputación, Luis Navarrete, presidente de la caja de ahorros San Fernando y cuñado de Monteseirín ,que a su vez pasa por ser el referente de quienes abandonaron el caballismo tras la derrota del comité provincial de julio de 2004.

Y hay más. El delegado del gobierno autonómico en la provincia, Demetrio Pérez, acaba de recibir un fuerte golpe en Mairena del Aljarafe... procedente de sus compañeros de la ejecutiva provincial, que le han impuesto como alcalde a Antonio Conde en un intento de frenar su fuerza en el partido, acrecentada por su buena relación con los círculos cercanos al secretario de Organización del PSOE andaluz, Luis Pizarro.

Este cuadro plagado de antagonismos se ha acrecentado por el modo en el que se ha manejado la crisis desatada por la aparición de facturas falsas en el Ayuntamiento de Sevilla y en la Diputación Provincial. Este escándalo no sólo ha ocasionado una grave merma en la imagen pública de ambas instituciones. En clave interna, escenifica otra vez el deterioro soterrado de las relaciones de quienes ostentan estos puestos de dirección en el PSOE de Sevilla.

Una cuestión sustancial por la importancia de quienes dirimen esta disputa, pero que no debería desviar el debate de las preguntas esenciales que se puede hacer cualquier ciudadano que haya mostrado interés por lo acontecido en el antiguo cuartel de la Puerta de la Carne y, una vez más, en la Plaza Nueva: cómo se puede escapar el hecho de que se hayan desviado fondos destinados a subvenciones al pago de gastos corrientes de una federación vecinal y, sobre todo, cómo se ha podido permitir que éstos se facturaran a una empresa creada por el marido de la presidenta de la federación, Ángel Cervera Grajera, asesor de la Presidencia de la Diputación y ex coordinador del PSOE en el Consistorio hispalense hasta que un escándalo similar a éste le hizo dimitir de su cargo municipal.

Ésta, sin embargo, no es la cuestión esencial que absorbe el interés de la dirección del PSOE sevillano, enredada por el contrario en un asunto tan vital para los intereses de la humanidad como es descubrir quién fue el que filtró la noticia a la prensa. En ésas andan desde que estalló el escándalo.

La ejecutiva encabezada por José Antonio Viera está convencida de que la filtración de las facturas irregulares partió del Ayuntamiento de Sevilla, cuyo gobierno, al descubrir que salpicaban también a la corporación provincial, desvió de inmediato la atención a la Diputación para salvaguardar la imagen, ya deteriorada, del alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín. Quien más se ha destacado en la defensa de esta tesis es el presidente de la Diputación Provincial, Fernando Rodríguez Villalobos, que centra sus acusaciones sobre los dos concejales sobre los que recae la mayor responsabilidad política municipal, el edil de Presidencia, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, y el portavoz del PSOE, Francisco Fernández.

El primero elevó el asunto el 13 de febrero a la reunión de coordinación entre el partido y las instituciones que se celebra cada lunes en Luis Montoto y a la que asisten José Antonio Viera, Susana Díaz, Javier Fernández, Faustino Valdés, Demetrio Pérez, Fernando Rodríguez Villalobos y el propio Gómez de Celis. El segundo, delegado de Seguridad Ciudadana y adscrito a la corriente de ex caballistas de última hora (derrotó a su ex mentor en la asamblea celebrada en el distrito Este a finales del año pasado), fue el primer dirigente que tuvo conocimiento de las nuevas irregularidades (Cervera y Nevado pertenecen a su agrupación)

¿Pero por qué ese empecinamiento en la acusación? ¿Acaso van a tomar alguna medida disciplinaria contra alguno de los dos secretarios con mayores apoyos de toda la organización sevillana, hombres de confianza (uno más que el otro) de Alfredo Sánchez Monteseirín? ¿Y con qué pruebas? No, seguro que no van a ir por ahí los acontecimientos, por mucho que haya quien, desde la ejecutiva, desearía devolverle el favor al alcalde mediante alguna acción que gravase la actuación de sus dirigentes municipales.

En todo caso, tal vez haya que buscar la raíz de este malestar precisamente en la figura del alcalde, cuestionado no sólo por las encuestas (por cierto, tampoco es nada nuevo: su imagen jamás ha remontado en los siete años que lleva con la vara de mando) sino por parte de su ejecutiva provincial, que aprovecha situaciones como ésta (la aparición de nuevas facturas) para meter de soslayo en conversaciones más o menos informales la conveniencia de sustituirlo como candidato del PSOE a la Alcaldía de Sevilla, más un anhelo que una realidad: Monteseirín, salvo cataclismo, será el cabeza de cartel del PSOE en las municipales y otra cosa es que termine siendo sacrificado si las urnas deparan esa necesidad en una hipotética negociación de un tripartito con IU y con el PA.

¿Y por qué ocurre esto? Se podrán exponer argumentos de todo pelaje, pero seguramente todos converjan en recordar las procedencias e intereses tan distintos de quienes componen el puente de mando del PSOE sevillano. La ejecutiva provincial dirigida por el ex consejero de Empleo se integra por personas cuya sintonía es fruto de una alianza casi antinatura. En ella tienen cabida caballistas como el propio Viera o Rodríguez Villalobos, que se pusieron del lado de Manuel Chaves y Luis Pizarro el día en el que José Caballos se creyó capaz de echarle un pulso al presidente de la Junta, con anticaballistas de primera hora como el propio Gómez de Celis o Demetrio Pérez. Su unión fructificó hace 20 meses porque existía un enemigo común, pero pronto descubrieron que casi tan difícil como derrotar a Caballos se alza la tarea de administrar esa victoria cuando sus impulsores no tienen nada que ver el uno con el otro, y la desconfianza y el recelo se instalan en el devenir diario del partido.

La organización del PSOE de Sevilla es poderosa, una máquina ajustada que arrasa en cada cita electoral que se convoca, pero necesita también de un puente de mando más engrasado para soportar situaciones como la que acontece ahora en el Ayuntamiento de Sevilla y en la Diputación Provincial. Cómo si no se explica que se asista al espectáculo casi surrealista de escuchar cómo un presidente de la Diputación insinúa ante los medios de comunicación que el Ayuntamiento, gobernado por su propio partido, le engañó cuando le traspasó a Ángel Cervera, y que le ha desviado el chaparrón de las facturas falsas.

La responsabilidad de la dirección del PSOE de Sevilla es meridiana. Corresponde a José Antonio Viera atar más en corto a unos y a otros (¿se acuerda de que no permitiría una tercera sombra? Pues lleva ya, a 15 meses de las elecciones, como unas cinco o seis más) y dedicarse al fortalecimiento de la organización sevillana, huérfana de presencia real en los centros de poder de la dirección regional donde se cuecen las decisiones trascendentales (la apuesta metropolitana hay que plantearla en la ejecutiva regional, no sólo en los comités provinciales). Aquí ya no se cuecen simples críticas a la gestión del Ayuntamiento en agrupaciones como las de Este, Centro o Miraflores. Se trata de algo más sustancial: el PSOE de Sevilla debe ser consciente de que la reiteración en la aparición ante la opinión pública de estos chanchullos de baja intensidad (¿de verdad se cree Viera que no le interesan a los ciudadanos?) no hace más que deteriorar su influencia donde de verdad se deciden las políticas que influyen en la vida diaria de los sevillanos. La dirección que salió elegida en una asfixiante tarde de julio en el Hotel Renacimiento se juega su credibilidad interna en este tipo de crisis, y su secretario provincial, y no otro, es el que tiene que demostrar que no maneja un partido fragmentado y que ha sabido pilotar la gestión del poscaballismo, una asignatura aún pendiente a tenor de los acontecimientos." Diario de Sevilla

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