miércoles, 27 de noviembre de 2013

UGT-A LE TOMA EL PELO A LA CIUDADANÍA AL APLAZAR DECISIONES PARA EL AÑO QUE VIENE.


Que UGT-Andalucía haya fijado la fecha del 9 de enero del próximo año para reunirse al máximo nivel ejecutivo y analizar la grave crisis por la que atraviesa el sindicato que fundara Pablo Iglesias,  es una tomadura de pelo. 
En primer lugar a sus afiliados y en segundo lugar a una sociedad que demanda, exige, transparencia y responsabilidades por el manejo  irregular - quizás delictivo- de los millonarios fondos públicos otorgados en estos años por el gobierno presidido por el ex dirigente del sindicato, Manolo Chaves,  y por su sucesor en el cargo de presidente de la Junta Pepe Griñán.
El anuncio de la convocatoria de un Comité Ejecutivo extraordinario una vez hayan pasado los Reyes Magos del año próximo, ha sido la respuesta del Secretario General del sindicato en Andalucía, Francisco Fernández Sevilla, - ex número dos de Manolo Pastrana- a la petición lanzada ayer por Cándido Méndez para que se analizasen y depurasen responsabilidades en la organización andaluza, la federación más importante del sindicato en España.
El único punto que figura en el orden del día del Comité Ejecutivo fijado para dentro de 44 días, a priori, no dice gran cosa: analizar la situación del sindicato y tomar decisiones.
Una situación generada tras ver la luz pública, hace meses, documentación abundante y suficiente que reflejaría cómo se han falseado facturas y conceptos para fines no previstos legalmente, todos encaminados supuestamente a atender las necesidades de los trabajadores en paro en la Andalucía del millón largo de desempleados.


Más grave que los ERES

Lo que se está conociendo sobre  el funcionamiento interno de la UGT-A en el manejo de los fondos públicos es tanto o más grave, si cabe, que lo sucedido con el asunto de los Eres y que desde hace años investiga la Justicia. Fiestas, copas, mariscadas, carteras elaboradas en el reino asiático de la explotación laboral de niños y mayores. El todo vale desde la impunidad y el descontrol más absoluto de la función pública y política.
Además, desde hace meses, y gracias sobre todo a las revelaciones periodísticas de El Mundo, la opinión pública ha empezado a entender muchas cosas sucedidas en el escenario político andaluz en estos años. 
Una vez más se ha oído hablar de la denominada "red clientelar" andaluza extendida desde Villaricos hasta Ayamonte, pasando por Santa Elena. En las trincheras partidistas, el PP en concreto, intenta sacar tajada política desde el resentimiento porque sabe que, entre otras cosas, gracias a la fuerza de los sindicatos de clase hoy gobierna la izquierda en la comunidad andaluza. Tras las elecciones de marzo de 2012, donde Javier Arenas y el PP ganaron por número de votos pero se quedaron colgados a la pancarta en el balcón de San Fernando, se escuchó en muchos cenáculos que el nuevo gobierno bipartito andaluz habían ganado a la derecha gracias al apoyo "decisivo" de la movilización de UGT y CCOO (Recuérdese que Griñan anduvo como alma electoral en pena con el chavismo de perfil). Evidencias que nadie negó entonces, aunque nunca se reconociera públicamente por parte de los propios dirigentes de la coalición gubernamental.
Tras esta circunstancia concreta del apoyo abierto en favor de la izquierda en Andalucía, se oculta la ofensiva anti sindicalista que viene protagonizando la derecha y sus medios más afines contra la figura constitucional de los Sindicatos en España.
Unos Sindicatos necesarios, sin duda, pero con muchos dirigentes claramente amortizados y prescindibles dado que parecen extraídos de la nómina de la corrupción que afecta a otros sectores de la sociedad española, especialmente los políticos, financieros etc.
En todos estos meses de escándalo, con aportaciones informativas diarias que invitan al sonrojo y a la vergüenza ajena, el único gesto ético digno de reconocimiento lo protagonizaron los miembros de la ejecutiva de UGT de Cádiz, que presentaron su dimisión en bloque tras comprobar como su secretario general resultaba imputado por la Jueza Alaya en una pieza separada del caso Eres. Aquel gesto del 11 de noviembre pasado -y hace dieciséis días que no ha parado de llover caca sobre UGT-  nos pareció a muchos observadores que podría ser el inicio de un intento serio de los actuales dirigentes por salvar la maltrecha imagen del sindicato. Se creyó que tras las dimisiones gaditanas se sucederían otras en el resto de provincias; incluso que el almeriense Fernández Sevilla acabaría cogiendo el toro por los cuernos anunciando su dimisión como Secretario General regional, dado que nada de lo que se está sabiendo le tiene que resultar ajeno por haber estado en el puente de mando del sindicato con Pastrana, dando así paso a un proceso congresual de renovación para que - como parece que ha sucedido en el PSOE-A- entrase aire fresco y promesas de regeneración y limpieza. Pero sobre todo habría sido un gesto en forma de cortafuegos para salvar las siglas del sindicato UGT, con 125 años de historia desde que se fundara en 1988 en la calle Tallers 29 de Barcelona.


Sindicalistas que parecen políticos

Pero no, la dirección regional del sindicato, imitando a muchos de los más distinguidos agentes de la corrupción política de este país, empezó por negar las evidencias documentales publicadas, amenazó a los mensajeros, habló de robo y manipulación de sus papeles y facturas para, finalmente, enrocarse y dejar pasar las semanas, los meses y por lo que se ha visto los años. (Estrategia y situación muy parecida a la que está desarrollando el PP en Almería desde el pasado 28 de octubre con los recibos originales -publicados por  el diario El País- de la constructora HALSA y el pago de supuestas comisiones para financiar las campañas del PP, asunto que investiga la Fiscalía del TSJA).
La decisión de dilatar en el tiempo el análisis de la situación del sindicato por parte de sus máximos responsables andaluces, tomar decisiones y, desde luego, que ninguna dimisión se haya producido aún en la ejecutiva regional de UGT va a acabar propiciando el crecimiento de una especie de gangrena de incalculables consecuencias para UGT y, también, para los trabajadores y  el sindicalismo en general. Con su actitud de atrincherase y dejar que escampe, clara estrategia marianista, estos sindicalistas  andaluces son los que más daño le están haciendo hoy al sindicalismo de clase. Más que los más conspicuos anti sindicalistas. 

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