lunes, 2 de agosto de 2010

PRUEBA DEL ALGODÓN EN EL CIELO DE TOMARES

Difícil y objetivamente complicado, por no decir imposible, lo va a tener la Junta de Andalucía, -Obras Públicas y Medio Ambiente-, para rechazar el proyecto de un teleférico que, según todas las previsiones, podría resolver en gran medida la comunicación entre la ciudad de Sevilla y una importante área del dormitorio aljarafeño, con epicentro en la localidad de Tomares y que podría transportar diariamente hasta unos 23.000 pasajeros potenciales que en la actualidad usan transporte privado.

Un transporte original, limpio, rápido, entretenido y novedoso – excepto para los que padecen vértigo en las alturas- que podría mover a más de tres mil personas a la hora, doce horas al día, siete días a la semana, los 365 días al año y cuyo coste de inversión ascenderá a unos 20 millones de euros. Un dinero que no sale de las arcas públicas en tanto que quien construya la línea obtiene al mismo tiempo la explotación comercial del transporte durante sesenta años, mediante la correspondiente concesión administrativa.

Con un precio de 1,5 euros el pasaje, el potencial usuario no solo dejará de usar el coche, evitará los grandes atascos que a diario se generan en los accesos al Aljarafe/Huelva y Mairena/ Gelves/ Coria/ Puebla, que suelen prolongarse en horas punta más allá de los cincuenta minutos de media.

La Junta tendrá sobre su mesa el proyecto del teléferico en septiembre, según ha anunciando el alcalde de Tomares, Jose Luis Sanz, impulsor del proyecto hace tres años y que, según todas las impresiones, gracias a esta promesa electoral obtuvo la alcaldía y el gobierno municipal para el PP, en detrimento del PSOE.

Rosa Aguilar y Díaz Trillo , los responsables de Obras Públicas y Medio Ambiente, serán los responsables políticos de autorizar o rechazar el proyecto que llega de la mano de los mismos promotores que intentaron un proyecto similar pero en Sierra Nevada. La Junta rechazó el proyecto por “innecesario”, pesando mucho en su decisión la sensibilidad internacional para con el cielo de Granada, la Alhambra y el Parque de Sierra Nevada y – esto nunca se reconoció públicamente- porque el proyecto gozaba de las bendiciones del alcalde Pepe Torres y el PP de Granada.

Entre Tomares y Los Remedios no hay monumentos, tan solo cultivos y cuadras, el cauce del Guadalquivir verdadero, un parque empresarial y comercial y una autovía de salida de la capital. Salvo que el teleférico pueda afectar el anidamiento por el Hipercor o el Leroy Merlín de alguna especie de ave migratoria desconocida, no parece que la Consejería de Medio Ambiente pueda argumentar muchas cosas contra este nuevo sistema de transporte, cuyo modelo ya se ha puesto en marcha con éxito en un par de grandes estaciones de esquí de Francia y Austria.

Parece pues que el peso de la decisión y los posibles argumentos contrarios deberán correr por cuenta de la ex alcaldesa de Córdoba doña Rosa Aguilar, como consejera de OP y Transportes.

¿Será capaz Aguilar de decir no a un medio de transporte que es útil, limpio, no contamina el paisaje con solo cinco grandes columnas, no cuesta dinero de los presupuestos públicos y resuelve serios problemas de circulación?

Desde luego seria muy llamativo – se podrían utilizar otros términos más duros- que la Junta dijese que no a este proyecto, entre otras cosas porque es la misma institución que permitió que el ayuntamiento de Sevilla se gastase cien millones públicos en un metro-tren que cubre un ridículo trayecto de 1,3 Kms con catenarias, que tardó años en construirse y que levantó media ciudad.

El teleférico de Tomares, que le costará a la iniciativa privada veinte millones, se realizaría en once meses y su construcción no generaría molestias, llegando a cubrir un trayecto de 2,6 Kms desde la Avenida de Blas Infante en Sevilla, donde acaba el barrio de Los Remedios, hasta la Glorieta de El Carmen en Tomares, al otro lado del río.

Lo que suceda política y administrativamente con este proyecto en manos del PSOE y la Junta de Andalucía en septiembre, será una decisión convertida en la típica prueba del algodón. Si Aguilar y Díaz Trillo apuestan por no poner pegas a este proyecto concreto, Griñán y su gobierno estarán demostrando con hechos que las decisiones partidistas han dado paso a las decisiones de la sensatez y el sentido común, que como se sabe es el menos común de todos.


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