lunes, 13 de marzo de 2006

CEUTA, INTIFADA EN CARNAVAL


A las seis de la tarde del Lunes Santo una multitud de fieles se suele agolpar en la Iglesia de San Ildefonso, en pleno barrio de El Príncipe, un enclave que recuerda los arrabales de la cercana Tetuán. Todos sus habitantes tienen la doble nacionalidad y profesan la religión musulmana. Los miles de católicos caballas que el lunes suben a El Príncipe, acuden guiados por una muy honda devoción al crucificado más venerado y milagroso del norte de África, el Cristo de Medinaceli, cuya imagen es trasladada esa tarde a su Casa Hermandad en la Avenida de Otero, desde donde hará estación de Penitencia el Jueves Santo.

El pasado año el tradicional clima de respeto empezó a romperse en El Príncipe con el lanzamiento de pedradas por parte de incontrolados musulmanes. La mayoría de los vecinos mantuvo, como siempre, el respeto a la procesión de “los cristianos”.

Preocupan y mucho este año a los católicos de Ceuta las pintadas amenazantes que desde hace unos días pueden leerse en las casitas de adobe de El Príncipe: “Cristianos, os esperamos en Semana Santa”.

Una mecha podría haber empezado a arder en la, hasta ahora, tranquila Ceuta donde vuelve a reinar inquietud y gran preocupación. Todos se preguntan qué ha pasado para que se rompa un ejemplar clima de convivencia entre ciudadanos de distintas creencias. Qué ha sucedido para que los musulmanes hayan puesto en marcha una cadena de acciones contra el gobierno de la Ciudad Autónoma, como representante legal de la sociedad civil ceutí. Algunos en Ceuta lo tienen claro: hay quien ha roto las reglas del juego de esa convivencia hiriendo la sensibilidad no solo de los musulmanes ceutíes, sino de la inmensa mayoría de los ciudadanos de Ceuta que censuran lo visto y oído en el pasado carnaval.

Con la chirigota “Los polluelos con más pelos en los güevos” se encendió la mecha. Está integrada por varios jóvenes de conocida ideología ultra nacionalista, tres de ellos miembros de la policía local, los mismos que el pasado año levantaron gran rechazo por hurgar con hirientes letras de dudoso gusto en la vida íntima de un concejal. Letrillas que esta vez no fueron “filtradas” por el responsable de Festejos, pese a tenerlas depositadas en su delegación, tal y como obligan las normas del concurso. Eso y un cúmulo de despropósitos como otorgar el primer premio a la chirigota denunciada por racista y xenófoba, la aparente complacencia de las autoridades civiles ceutíes en primera fila y, finalmente, el hecho de que no se haya visualizado ninguna decisión gubernamental en forma de dimisión, cese o expediente, máxime con tres funcionarios de la porra implicados. Juan Vivas, principal artífice político del clima de convivencia en Ceuta, ha visto como en los pocos minutos que dura una coplilla racista, se ha dado al traste con el trabajo de muchos años mimando y respetando las distintas sensibilidades y creencias que conviven en su ciudad.

El viernes pasado unos cuatro mil musulmanes ceutíes (ocho mil según los organizadores) se manifestaron “contra” el gobierno del PP en Ceuta. “Vivas, ya no eres el presidente de todos” gritaron los seguidores de Mohamed Alí (UDC) y de Mohammed Haddu Musa, coordinador local de IU. Solo al final se registró un principio de intifada, cuando un grupo se dedicó a romper escaparates.


La historia reciente recuerda con qué facilidad y rapidez se puede crear crispación y tensión a cuenta de aspectos religiosos entre el sensible colectivo musulmán, situaciones aprovechadas por los líderes más radicales para arrimar el ascua a objetivos soberanistas pro marroquíes. Aún se recuerda en Melilla la que armó en los ochenta Umar Mohamedi Dudú. La crisis de la chirigota en Ceuta supone haber encendido un cigarrillo en un almacén pirotécnico. Es grotesco estando en Carnaval, pero así son las cosas en una ciudad marcada y obligada por los equilibrios más complicados y difíciles. Esta crisis servirá también para aglutinar el voto religioso entorno a los líderes y partidos de obediencia musulmana. Para muchos, permitir estos errores y esta escalada de tensión religiosa acelera la “lenta invasión” de la que hablaron ciertos informes del CESID al analizar las debilidades y fortalezas presentes y futuras de las dos ciudades españolas en el norte de África.

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