martes, 7 de febrero de 2006

"EL GOLPECITO DE MENA"


Reproduzco el interesante y curioso artículo de José Luis Pitarch, en Levante-EMV (Opinión), reproducido del escrito en Cartelera Turia (Valencia). Pitarch fue un destacado miembro de la UMD y es hermano del nuevo Jefe del Ejercito de Tierra con sede en Sevilla, Pedro Pitarch, sustituto de Mena Aguado en la Capitania de la Plaza de España de Sevilla. En la foto Pedro Pitarch.


EL GOLPECITO DE MENA

Quiere decir el general Mena que si el Parlamento español-estatal aprueba un Estatuto que a él y a otros militares no les gusta, tienen derecho a dar un golpe de Estado, posiblemente cruento, de tanques y fusiles contra las Cortes y el Gobierno? Lo de Mena, novato mío (de la promoción siguiente), lo llamamos en Caballería una machada. Pero esto es argot intracastrense que no puede jugar con el Estado de Derecho, despreciar la voluntad democráticamente expresada de 120 diputados de los 135 del Parlament Català y coincidir demasiado con una derechona retrofranquista capitaneada por sujetos como Zaplana, Acebes, Aznar, que tratan incluso de asfixiar a conservadores dignos como Ruiz-Gallardón. A más de converger con otras glorias nacionalcatólicas, tal nuestro rancioso arzobispo G-G o el mondongo agradecido elevado a sheriff del Poder Judicial y Tribunal Supremo. Todo esto, en frase de Ortega, es «superlativamente grave».
Recuerdo a Mena como un primeraco (más argot) simpático, expresivo, educado y ¡atención! inteligente. No lo veo, mayormente, cometiendo errores gruesos. En la academia vallisoletana éramos apenas cuarenta y pico alféreces cadetes, teníamos mucho contacto. Parece que se la ha jugado a lo Milans (en do menor, sólo ruidito de sables), esto es, cuando ya iba a cesar en el mando por edad, tras ser públicamente circunspecto, calladito mientras podía seguir progresando en el escalafón. En fin, puestos a machadas, la de Milans fue de más lustre y ruido.
Como sea, el mitin anti-Estatut (¿anticatalán?) de Mena advirtiendo (amenazando) a los políticos (a las Cortes Generales) con una intervención militar (¿a lo Pavía?) si no hacen lo que equis militares -de los que se autoerige en heraldo- quieren que las Cortes hagan, es, a la vez, de pandereta y peligrosamente desestabilizador. Concuerda no poco con la deriva crispacionista del PP y es lícito preguntarse si persigue meter miedo a la gente -que ya hay elecciones a la vista- agitando como antaño el espantajo pronunciamientista (recuerden que Elorriaga manejó ese término, pronunciamiento, junto al de comprensión por el mitin de Mena). Éste disponía de conducto reglamentario más que suficiente para hacer llegar sus preocupaciones al JEME, al Jemad y al ministro, en lugar de su soflama política ante cámaras de televisión y demás medios en un día solemne. Aquí reaparece el rabo de la famosa y antidemocrática autonomía militar, que asustó tanto al personal hace un cuarto de siglo y contra la que uno escribió decenas de artículos en Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Bilbao, CanariasÉ, hasta que le forzaron a irse del ejército, tras estancias forzosas en Cartagena, A. de Henares, BéteraÉ Y hay que decir de nuevo que nuestra estupenda Constitución se hizo bajo fuerte presión-coacción militar, y civil-fascistoide, que, por ejemplo, dejó el art. 8 sin decir expresamente «a las órdenes del Gobierno», aunque eso ya está en el 97. Pero Mena no se da por enterado. Hay que cambiar no sólo cuatro cosillas de la Constitución, incluida la aún posible pena de muerte en tribunales castrenses, que fue otro de los trágalas.

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