viernes, 30 de noviembre de 2012

HUBO UNA VEZ UNA COMISION DE INVESTIGACION QUE NO LE COSTÓ DINERO A LOS ANDALUCES



En la treintañera historia del parlamentarismo andaluz, que se recuerde, solo una de las tres o cuatro comisiones de investigación que se han creado, arrojó resultados positivos para los andaluces y por pura chiripa. Fue en 1986 siendo presidente de la Junta Jose Rodriguez de la Borbolla y Camoyán. Decidieron comprarle al constructor granadino Nicolás Osuna el Edificio Presidente, construido frente al inmenso solar donde se ubica cada año la Feria de Abril de Sevilla y su portada. Dos mil millones de pesetas por un edificio, feo de narices, cuya tasación oficial, según aportó la oposición, estaba como máximo en los 1.200 millones de pesetas. A juicio de comunistas, andalucistas, populares y Javier Arenas que actuaba entonces desde el Grupo Mixto, aquellos seiscientos kilos que faltaban habrían ido a parar a las arcas del PSOE de Andalucía en formato de comisiones al partido. Porque en aquella época aún se recaudaba para la tesorería del partido, degenerando muy poco después en el enriquecimiento personal de unos cuantos, bastantes, que manejaban el cotarro directa o indirectamente desde las cloacas de la corrupción. Algo que, en aquellos primeros años de autonomía, no estaba mal visto por los ciudadanos como ha venido sucediendo hasta hace un par de años elección tras elección.
Se creó la comisión de investigación y por allí desfilaron todos. Incluido un inexperto y políticamente asilvestrado promotor inmobiliario, Nicolas Osuna García, al que tuvieron que darle clases previas, en un escenario imaginario de opereta, donde uno que ejercía el papel “de Felipe Alcaraz” le preguntaba con mala leche, buscando más la provocación que la verdad:

-Sr Osuna, nos consta que Ud tiene antecedentes penales porque ha estado en prisión, ¿nos puede explicar los motivos para haber pasado por el presidio?

Aquellas preguntas tan incómodas y crueles en sesiones de tarde y noche para preparar su comparecencia ante la comisión, sin perder el control y los nervios, fueron verdaderas torturas para el dueño de la sociedad Inonsa, la que había firmado meses antes, el 17 de noviembre del 86, la venta del polémico Edificio Presidente. Era la construcción de aquella mole su primera gran irrupción en el mercado del suelo urbanizable de la capital política de Andalucía. Estaban llegando los pelotazos inmobiliarios por doquier.
En la sesión donde se debían aprobar las conclusiones de la segunda comisión de investigación que creaba el Parlamento de Andalucía (la primera fue en la etapa de Rafael Escuredo de presidente de la Junta, a cuenta del caso Uteco y Caja Rural de Jaén) el presidente Borbolla no hizo caso a lo que unánimemente le proponía la oposición en bloque: que deshiciera la compra y el dinero volviese a la caja de la Junta de Andalucía. Y el PSOE en solitario sacó la aprobación de compra mediante  el rodillo de la mayoría que poseía, justificando un supuesto ahorro en el pago de alquileres de los servicios centrales del gobierno en Sevilla.
Pero poco tiempo después, sin avisar y por sorpresa, Borbolla deshizo la operación con Osuna quien, desde luego, no lo perdió todo en la polémica y fallida operación.
Nunca pudo saberse cuantos de esos dos mil millones de pesetas, pudieron perderse en el hacer y deshacer la operación, en cualquier caso , por chiripa, los ciudadanos andaluces pudimos recuperar una inversión a todas luces desproporcionada y con un fuerte olor a chamusquina del por aquí te quiero ver.
Borbolla estuvo ágil, fue capaz de negociar hábilmente con Osuna gracias a los buenos oficios de su vicepresidente Jose Miguel Salinas. Y acabó sorprendiendo a todos haciendo justo lo que en la Comisión le habían pedido todos los grupos, todos excepto el PSOE que quedó como la chata tras la renuncia gubernamental al edificio.

Y los EREs

Más o menos como le acaba de suceder ahora, al finiquitarse formalmente los “trabajos” de la Comisión del escándalo de los Eres en el Parlamento de Andalucía.
Esta vez con la agravante de que su socio de gobierno, Diego Valderas con IUCA, ha sido el que ha retirado la escalera al PSOE-A, dejando a Pepe Griñán con la brocha en la mano y con una inmensa sensación de bochorno y espantoso ridículo, ante "el fiasco" resultante, según propia definición del presidente.
Nadie se explica tanta torpeza en una dirección socialista, liderada por Griñán, y flanqueado por dos “águilas” como Mario Jiménez y Susana Diaz. Salvo que uno repare y busque la explicación en las tensiones familiares que desde hace muchos meses se percibe en lo más alto del PSOE de Andalucía. Tensiones que confirman en la actualidad un enfrentamiento abierto entre quienes han gobernado el partido durante dos décadas y consideran que Griñan no tiene derecho a hacer las cosas de forma distinta a como ellos las hicieron. Y al frente de los rebeldes, en un papel solapado pero que se nota, se siente, Manolo Chaves, diputado de a pié y con tiempo suficiente para hablar con los tirios  de los troyanos del sur. Miren lo de Cádiz, todo un Carnaval adelantado al mes de los muertos.
Que Griñán no haya aceptado elevar las más que evidentes responsabilidades políticas hasta dos miembros del gobierno de Chaves - Viera y Fernández-  forma parte de un pacto al que llegaron hace meses las facciones en litigio con la intermediación de Alfredo Pérez Rubalcaba. Griñán, en el ejercicio de equilibrismo que le caracteriza como presidente federal del PSOE, admitió entonces tragarse ese inmenso sapo, aún imaginando que Valderas no le iba a acompañar en el fatídico desayuno. Al final, visto lo visto, el presidente ha preferido apechugar con un espectáculo público bochornoso a abrir aún más la brecha que le separa de los nostálgicos del chavismo, de "sus mayores". El sabrá por qué lo ha hecho. Habrá medido, sin duda, las consecuencias políticas.

1 comentario:

jaime dijo...

los politicos por encima de la ley...